La grandeza de los hombres buenos
Visita de SM Benedicto XVI a Estados Unidos. Una tierra de posibilidades para la Iglesia; una tierra fértil para la misión evangelizadora de la Iglesia.
En Estados Unidos las cosas no son como en España. Es una nación joven, que creció gracias a la integración de personas de diferentes orígenes: ingleses, italianos, alemanes, holandeses, chinos, etc., y esa diversidad es la que le da la riqueza. Una diversidad que permite aceptar diferentes puntos de vista, diferentes formas de concebir la vida. Pero de un gran respeto a los símbolos, y con un amor a la patria que aquí lo quisiéramos.
Uno de los recuerdos que tengo de mi vida en Estados Unidos es el ir a misa los domingos. Me impresionó la forma en que allí se vive la fe: es algo no impuesto, es voluntario. Y es una fiesta, no una obligación. Y no me refiero a una obligación para con quien va; me refiero a que no se trata de una obligación cultural. Y es una fiesta de fe, vivida de inicio a fin, con personas que, no importa de dónde vienen, te integran en la celebración.
Benedicto XVI visita Estados Unidos con la rémora de los escándalos sexuales de los sacerdotes, de ahí sus palabras en el avión y sus gestos en el día de hoy con la reunión con las víctimas de estos abusos. Pero también sabe que el Catolicismo es la religión del futuro en Estados Unidos, sobre todo debido a los inmigrantes de habla hispana.
Soy católico, y apostólico y romano, como dice mi madre. Y lo seguiré siendo. La visita de Benedicto XVI a Estados Unidos me alegra, por lo anterior, pero también por que, como con la visita a Valencia, permite comprobar la grandeza humana de un hombre denostado por quién era con Juan Pablo II, y por lo que, supuestamente, representa de continuidad con la “línea más dura” de la Iglesia. Y yo me pregunto… ¿qué más da? La Iglesia es mayorcita para saber lo que quiere y no está para experimentos. Si así fuese, no sería Iglesia.
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Para Jesús Vázquez (el presentador, ¡sí!). Muy ingenioso llamar a Benedicto XVI “el pastor alemán”; luego, si a ti te llaman otra cosa metes (¿o se dice pones?) el grito en el cielo. Pecas (sí, ¡vaya palabra! ¿eh?) de lo que pecas los retroprogres: criticar hasta a aquellos sobre los que no puedes influir; simplemente para poner a alguien en un extremo, y tú quedarte en el centro, cuando, realmente, el extremista eres tú.

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