¡Pobrecito! ¡Pobrecita!
Estoy leyendo el artículo, carta o lo que sea que la señora Aranzabal, Irati de nombre, y compañera (como dice ella) de De Juana Chaos ha escrito en el Gara.
La carta en sí está llena de lugares comunes y frases hechas, de esas que pronuncias de pequeño y luego te cuesta quitar de la boca porque las has mamado así: fascistas (¿quiénes son los fascistas y terroristas?), alcantarillas y laberinto de cloacas (seguramente se refiere la señora Aranzabal a las que hay debajo de las herriko-tabernas, imagino), leyes impuestas del Estado Español y del Estado Francés, lo de nación, caca culo pedo pis, etc. Vamos, palabras fascistas de ETA, nacional-socialistas o nacional-comunistas, que para el caso es lo mismo, que siempre usan aquellos que se arrogan el derecho de decidir por todos los que están no sólo en las Vascongadas (ella usa el término vascongado), sino los que están en España (eso que ella llama unionistas, quizás por el supuesto paso de su compañero por Irlanda del Norte o del sur…).
Es muy gracioso (por no decir otra cosa) que la señora Aranzabal se queje del supuesto acoso que se le hace tanto a ella como a su compañero, y habla de las (falsas) noticias sobre el paradero de su compañero, como también de otros temas: imágenes de su buzón, fachada del edificio y portal, etcétera. No sé de qué se queja esta señorita (o señora), puesto que… ¿no es esto lo que hacen ellos, los de ETA, los de HB, con los “nacionalistas españoles”, como ella dice? ¿Acaso le molesta probar la misma medicina?
Lo que hace la señora Aranzabal es lo que critica: está poniendo en la diana a El Mundo, de la misma forma que ella se queja de su diana. Quiéralo o no, ella vive, está empadronada y quizás paga sus impuestos en España. Y, por ende, está sometida a la legislación española: aquella que también atañe a su compañero De Juana, y a todos los que viven o pasan por España (tenía un profesor del master que dijo que desde que nacemos estamos sometidos al derecho). Y eso no lo cambia nadie. Por eso mismo, su compañero, De Juana, fue juzgado y condenado, con todas las garantías (no como en los asesinatos de ETA) por aquellos asesinatos que cometió. Y, por eso, su compañero, ella, yo y todo el mundo se debe a la justicia española. Y si no, pues que no hubiese hecho lo que hizo.
Siempre hay justicia para quien obra mal.
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