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El hombre que no sabía demasiado

30 September 2008 No Comment

Había un hombre que no sabía nada da muchas cosas. No sabía nada de matemáticas; no sabía nada de ciencias, no sabía nada de política, no sabía nada de economía, no sabía nada de muchas cosas. Sólo tenía una cosa a favor: una bonita sonrisa, y un discurso vacío, pero grandilocuente. A pesar de que no sabía nada, encontró varios elementos de suerte que le hizo ascender, cual principio de Peter, a la presidencia del gobierno de un país europeo.

En el camino, y gracias a su falta de conocimiento, que le impedía distinguir la dignidad de los signos fatuos, lo importante de lo imprescindible, las creencias de los credos, los suicidas de los terroristas, realizó algunas hazañas portentosas. Despreció a aquellos que eran los mejores amigos de su país, degradó la democracia y el significado de lo que significa votar y reflexionar, y se abrazó a cada uno de los enemigos de todo lo que había permitido a sus conciudadanos prosperar.

Y llegó a la presidencia del gobierno, con la misma carencia de conocimiento, la misma sonrisa y el mismo discurso vacío. Y, a pesar de los intentos de sus amigos o consejeros, a pesar de las tardes que disponía para ganar más sabiduría, más conocimiento, no lo aprovechó. Y se mantuvo en sus trece, despreciando a los mejores amigos de su país, degradando la economia, incorporando conceptos etéreos y poco convencionales, y queriendo dar la vuelta a una sociedad, cuando es la sociedad quién se da la vuelta solo, y relacionándose con personajes de medio pelo, violadores del verso y de la dignidad.

Ahora, debido a que continúa en su necedad, no sabe qué decir. Ni qué hacer. Lo peor para un país. Se marcha fuera para alabar tanto España que se compara con los mejores líderes europeos, y, claro, en su ignorancia, queda en ridículo. Y no sabe que decir. Ni qué hacer. Y puesto que no sabe lo que hacer, mueve el ventilador, esparciendo el estiércol. La última ocurrencia, que Wall Street y el sector financiero internacional espera las recetas del PP. Lástima. Seguro que esto lo dice porque, en su afán de hacer amigos allende la dignidad, los líderes, quienes realmente lideran Europa, no le llaman para una cumbre y oír sus recetas. Porque, sinceramente, saben que no las tiene. Sólo sonrisa y un discurso grandilocuente. Pero vacío.

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