¡Cuánto amor!
Etimológicamente, la palabra sindicato viene del griego: σύνδικος (sindikós), compuesta de σύν (sin) que significa con, y δίκη (diké), justicia. O sea, la persona u organización que actúa o que representa con justicia a los suyos.
Pues permítanme que dude de la palabra en su origen etimolótico, y que opine que hay que reformarla. En el periodo económico en que vivimos, desde que surgió la crisis no había visto a los dos líderes de los sindicatos más grandes de España, Fidalgo y Méndez. Ni visto ni oído, ninguna declaración sobre la crisis. Hoy parece ser que ambos dos han comenzado a hablar de la crisis.
¿Apoya a las familias? ¿Apoya a los trabajadores? No. Lo único que apoya es el gasto social, a los parados, al gasto social. Critican la falta de propuestas, pero critican también las propuestas que se han hecho. ¿En qué quedamos, señores? Se critica el abaratamiento del despido, o que se hagan reformas, pero también se critica la bajada de impuestos, que permite más renta a las familias. O sea, nada de políticas liberales. Lo único que está bien es lo que (no) está haciendo el gobierno socialista. Eso, y continuar con los cursos de formación y las subvenciones a los liberados de los sindicatos para que sigan destruyendo empleo en nombre de los que quieren representar.
¡Cuánto amor entre los sindicatos y el gobierno! Entiendo que tanto el sindicato comunista como el socialista amen al gobierno de Zapatero que es quien, como en gobiernos anteriores, les subvenciona sus cositas y sus cursitos, o hacen de conseguidores de bienes para que estos cursos sigan impartiéndose. Da la impresión de que lo que quieren los sindicatos es que España (como en Andalucía) acabe siendo un país de subvencionados, viviendo del paro y de los cursos de formación, que por supuesto impartirán ellos. Y aún más, que cuando haya algún pollo en alguna empresa, no importe, se vayan todos a la calle (como en Delphi), pero que el representante sindical se meta en algún fregao oficial. ¿Es esto, verdad? Porque con la representatividad y la coherencia que os distingue no vamos a otro lado.
¡Cuánto amor! Solo falta que ambos se saquen el carnet del partido…
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