Sindicuantos
Nuevas revelaciones de los sindicatos. Después de la romería de ayer a Lourdes (¿o quería decir el Hijo de Algo - Fidalgo - peregrinaciones?), para esquivar una huelga general que por menos siempre se ha hecho en tiempos de derechas, viene ahora Cándido el Méndez atacando a los empresarios. Y lo que les dice es que estos mantengan los puestos de trabajo.
Entiendo que ni Cándido Méndez ni Fidalgo saben de gestión de empresas (sí que saben de gestionar subvenciones directas y fondos para formación que bien sabe Dios dónde acaban), y que nunca se han jugado su dinero. Sí que se juegan el dinero de los demás, tanto ellos como los liberados que están bajo su paraguas, pero eso es otro cantar. Si lo hiciesen, si se jugasen su dinero, no andarían con remilgos y gilipolleces (perdón) marxistas de esta calaña. Pero claro, no lo hacen y pasa lo que pasa.
Si se jugasen su dinero sabrían que los bancos están cortando las líneas de crédito con un mes de antelación, en muchos casos avisando por burofax y no renovando; en algunos casos convirtiendo estas líneas de crédito en préstamos a largo plazo, ya que los directores de sucursal no reconocen los fallidos, no vaya a ser que vean en peligro sus incentivos; y en los menos de los casos manteniéndolos con la obligación de avalar, pignorar o cubrir hasta el 150% de lo solicitado. Si lo hiciesen, estarían obligados a despedir a personas porque no pueden mantener su negocio. Estarían en el puñetero dilema de “morir de hambre o morir de empacho”, como me decía hace poco un empresario: si vendo puedo morir de empacho (no sé si podré llegar a cobrar lo facturado); si no vendo y no me fío de nadie, moriré de hambre. Si lo hiciesen, verían que no pueden invertir en nueva maquinaria, nuevas aventuras empresariales de diversificación o nuevas sedes, etcétera. Pero no lo hacen. Por eso viven de vicio, gestionando el dinero de los demás y dando clases maestras (a veces con acidez) de gestión de empresa a partir de su estupidez máxima. Viven de dialogar con el presidente actual, jugando con huelgas para incrementar sus ingresos vía subvenciones o compensaciones ficticias, o reales basados en hechos ficticios. Viven de chupar de la teta de las subvenciones de formación, cuando no tienen ni idea de lo que forman. Viven de sentar cátedra, huyendo después cuando la ocasión es adversa (por ejemplo en el caso Delphi, pero luego siendo contratados después para callar bocas.
O sea, que en vez de sindicatos son sindicuantos. Unos cuantos ineptos dando clases de gestión económica. Son consultores de la nada. Imbéciles mamones del presupuesto. Liberados de la trituradora del paro. ¡Que desaparezcan!
Por la desaparición de los sindicatos. Ya.
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