Rey de bastos, o el pandemonio de Zapatero
Este lunes nos despertamos, pues, con dos noticias inmensas, de esas que harían temblar a Carlos V de España y primero de Alemania. Por un lado, Coalición Canaria reinvindica el nacionalismo supremo (y, de paso, el multifederalismo) mediante reclamaciones extemporáneas. Por otro lado, se conoce que nuestro rey, Juan Carlos, inaugura una escuela donde no se puede hablar catalán.
La primera de ellas huelga comentarla: es el esperpento llevado al extremo. Ahora saldrán con que los guanches por aquí y los guanches por allá. Sólo hace falta que salga un Evo Morales, un Tanausú Betancourt (es que hay que tener mezcolanza o lo que se llama ahora, interculturalidad) para reinvindicar el pasado glorioso y pedir un presupuesto extra, digamos el 15% del PIB (ya que ZP está generoso) para realizar excavaciones arqueológicas y tratar de encontrar la Atlántida. Y es que, claro, donde se siembran vientos, se recogen tempestades. Y yo, qué quieren que les diga, desde aquí reinvindico el estatus de nación para Minaya o para Saldaña, pueblos castellanos (uno manchego y el otro castellano puro) que en su día fueron independientes de todos menos de sus señores. ¿O es que no puedo? Porque, claro, tienen una lengua común: en Saldaña se usa el “tomar un chisme” o lo de “un telar”, desconocido en otros parajes. Y en Minaña, pues se usan otras expresiones singulares (como “odo” o “guacho”). Así es que me erijo desde aquí en caudillo de estos pueblos y, para tenerlos comunicados, exijo al gobierno de España un presupuesto extraordinario para construir el AVE Saldaña-Minaya, y ¡cómo no!, su correspondiente autovía. Si no es así, convocaré un referéndum y me iré a Europa a discutirlo tête-à-tête con Durao Barroso.
Y ya que hablamos de lenguas, hablemos de nuestro rey, el de bastos, don Juan Carlos. Y es que ahora se conoce que, o bien no le explican donde va, o va como va. Y se va a inaugurar el curso (o algo parecido) en un colegio donde el español se vilipendia. ¡Manda güevos!, que diría Trillo. Yo es que no lo entiendo: o su majestad no sabe a qué le invitan (lo que es grave, ya que no se preocupa de dónde va), o va simplemente de buena gana, lo que es peor. Ya que en este caso está haciendo bueno aquel dicho de “Hablando se entiende la gente”. Sí, majestad, hablando pero en catalán.
Hay otra noticia, pero es gracioso comentarla. En una época donde se reclama por todos los sitios el federalismo y el derecho a decidir de los pueblos (de algunos de ellos, no de todos), resulta que Ibarreche realiza una pantomima de no sé qué y sale escaldado. ¿Para eso tanto ruido, aún habiendo nueces?
En fin, que entre ZP, el Rey y otros que convocan grandes manifestaciones vamos aviados. Pero yo tengo futuro: mi caudillaje saldañés-minayero me deparará grandes satisfacciones. Eso, o que, como a Sabino Arana, la historia real le recuerde como un tarado. Cuando llegen esos tiempos, estaré criando malvas…
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