Mis viajes por el sureste de Estados Unidos (I)
Aunque parezca mentira, en Estados Unidos también hay puentes… de vacaciones, digo. Y los puentes los aprovechábamos para viajar. El primero de los puentes largos recuerdo el viaje a Nueva Orleans. El camino desde St. Petersburg, en Florida, es largo; sobre todo porque en mi primer viaje cometí el tierno error de pensar en kilómetros y no en millas. El resultado fue una cierta presión sobre los tiempos; sin embargo, se aprovecha todo: la comida cerca de D’Iberville fue magnífica, perfectamente sureña.
A pesar de los tiempos, recuerdo el recorrido con mucho cariño. En primer lugar, las paradas en los welcome centers, sobre todo en el primero de Luisiana, donde cogimos una guía para los descuentos en los hoteles o moteles. Y el largo recorrido por la carretera 10 desde Pensacola hasta Nueva Orleans.
De Nueva Orleans no hablaré mucho: sólo decir que me gustó el sabor afrancesado de las casas y de las calles. Me pareció una ciudad bulliciosa, pero muy europea, muy diferente a Boston, Nueva York… Muy francesa y quizás española. Luego recuerdo la subida hacia el norte, viendo plantaciones típicas del siglo XIX. Las plantaciones no tienen mucho de interesante; si acaso conocer cómo se vivía por aquel entonces, y también los barracones donde vivían los esclavos.
El camino luego fue bonito y algo impactante: conduciendo por carreteras desconocidas y secundarias, en plena tormenta, con los rayos enfrente de la carretera, desde Alexandria hasta Natchez (Mississipi), donde se nos hizo de noche. Cruzar el Mississipi por el puente fue impactante. Pero también fueron muy buenos los sitios para dormir, aprovechando los coupons. El de Natchez fue bonito, y suculento: donuts, pastas, tostadas, etc.; todo magnífico.
Luego continuamos viendo Natchez, viendo la reserva india. Prescindible, sin embargo hay pocos sitios por allí para ver. El camino siguiente fue muy tranquilo, hasta Selma; paramos a ver varias plantaciones y a hacer el viaje siempre querido: disfrutar del paisaje. En Selma (Alabama) no hay mucho para ver, simplemente recuerdo la discusión sobre el sitio donde dormir (las pulgas inn, por mi parte, los moteles baratos pero buenos, por la otra parte). Y que, en mi desconocimiento del inglés, nos regalaron dos piezas extras del Kentucky Fried Chicken al no reconocer bien en acento sureño lo que es honey moon, y también gracias a la amabilidad de unas viejecitas.
La siguiente etapa fue de vuelta. Con tranquilidad, pero sufriendo el primer atasco serio en Estados Unidos (¡quién lo iría a decir!), cerca de la unión de la 10 con la 75. Aprovechamos para comprar naranjas y algunas nueces de pecana, de las de allí.
Buen viaje, muy sureño. Muy de plantaciones y de paisajes. Muy de easy driving.
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