Siempre creo a los honestos
No sé por qué, pero entre los tramposos y los honestos, siempre creo en los primeros. Debe ser algo malo en mi personalidad, pero así es. Últimamente no era así: antes, en mi juventud, en el conflicto que hay entre israelíes y palestinos siempre me ponía del lado de los palestinos. Pobrecitos “sin tierra”, no tienen nada donde caer muertos. Ni una patria, ni un país, ni un sitio donde pertenecer.
En 1.947 las Naciones Unidas segregan Palestina en varias partes, asignándole un territorio específico a los judíos. La tarea no fue fácil: los países europeos tenían intereses varios en la región. Por un lado, Francia estaba en Siria; por otro lado, los británicos ocupaban la parte palestina y Jordania (que fue concebido para comunicar los territorios palestinos con Iraq, controlado por Inglaterra), y el Líbano era controlado, inicialmente por Francia, pero tenía un estatus de nación después de su segregación de Siria. Los árabes no aceptan el plan de reparto de Palestina y, en vez de ocupar su parte, se dispersan.
A partir de ahí todo es un ejercicio destructivo contra Israel, y en pro de reivindicar algo que nunca quisieron tener. Los palestinos han sido expulsados del Líbano, de Egipto y también de Jordania. Rrecuérdese la amenaza que los palestinos suponían para el rey Hussein, y cómo fueron purgados en el Septiembre Negro en Jordania. Recuérdese cómo Israel se ha enfrentado a los diferentes ejércitos árabes (Egipto, Siria, etc.) y los ha vencido de forma demoledora.
Ahora Hamas, el brazo terrorista palestino financiado por Israel y del que Hezbolá, según un artículo de ayer creo que en El Mundo quiere aprender sus tácticas, ataca a Israel de forma cobarde. ¿Por qué? No sólo por los atentados suicidas; también lo hace mezclándose entre la población civil. Se mezcla en los barrios de palestinos y desde allí lanza sus misiles contra los poblados israelíes. ¿Es esto terrorismo? ¡Por supuesto! ¿Está financiado por Irán? ¡Claro que sí! ¿Es totalmente rechazable, censurable y condenable? ¡Es lo más condenable del mundo!
Sin embargo, las televisiones occidentales, tanto en España como en otros sitios, se centran en lo que les interesa. Se centran en ver cómo los civiles palestinos yacen en el suelo. Esos civiles que, en vez de señalar y expulsar a los terroristas palestinos de sus barrios, los acogen para hacer la guerra a Israel. ¡Pobrecitos!
Sí, pobrecitos ellos. Pero esto es como el que acoge a un asesino o a un violador sabiendo que es violador. ¿A que no tendrían ustedes a un asesino acogido en su casa mientras va cometiendo asesinatos? ¿A que no les sorprendería que el peso de la ley cayese sobre ustedes como cómplices? Pues en esos territorios, aunque no lo parezca y desgraciadamente, el peso de la ley no existe. Y al final sucede lo que vemos. Se puede censurar a Israel por lo que hace, pero vayamos a los orígenes. Y los orígenes están en la actitud terrorista y de odio sembrada y cosechada en el pueblo palestino contra Israel. Que acoge a los asesinos, les da cobijo y alimenta. Son cómplices. Y, como los otros, disparan también los misiles.
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NOTA: Por cierto, ¿han leído lo que dice Ban Ki-moon? Mientras habla de los ataques a Gaza dice “dura violencia y derramamiento de sangre”; hablando de Israel, esto se queda en “violencia”. Tipos como estos contribuyen muy poco a ampliar el poco crédito que le queda a las Naciones Unidas.
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