Nuevos tiempos, viejos hábitos
Era esperado hace tiempo. Manuel Pizarro abandona el Congreso. No es algo achacable al propio Pizarro, quien realmente ha sido víctima del carácter maquiavélico y pusilánime de su líder, del líder del PP, Rajoy.
Nada reprochable a Pizarro, quien a estas alturas no necesita favores de la partitocracia, como tampoco necesita el trabajo burocrático para sobrevivir. Lo que tiene, lo que ha hecho, se lo ha ganado a pulso. No como Rajoy, por ejemplo, que no es capaz de sostener un pulso, por sí solo, con nadie.
Gracias, señor Pizarro. Gracias por derrotar a Solbes y por mantener la coherencia en política y en la vida. Algo ha de aprender no sólo Zapatero, también Rajoy, Cospedal y todos los chupópteros que hay en un partido otrora mucho mejor que en la actualidad.
En un mundo de mediocres, cualquiera que destaque solo tiene una opción: irse a casa.

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No sólo del carácter maquiavélico y pusilánime de Rajoy, que quizá también.
Creo que sobre todo ha sido, fue, víctima del sector arriolista del partido. A estas alturas yo creo que Arriola es el jefe, y no el sector, pero en fin…
Yo discrepo, sinceramente. Creo que Pizarro dijo la verdad, tenía razón, y a cualquier oyente medio informado debió parecerle Solbes un destripaterrones, un gañán engañabobos. Pero el debate lo ganó Solbes. Y lo ganó, creo, porque Pizarro es un gran gestor, un gran trabajador y una mente privilegiada en su campo, pero demostró ser una nulidad desde el punto de vista de la dialéctica política en directo. Seguro que lo habría aprendido con facilidad y rapidez, pero se le envió a un combate con un político con experiencia, con un sinvergüenza mentiroso pero con muchas tablas, y Solbes, desde la mentira y la suficiencia, desplumó a un polluelo al que Arriola no se ocupó de dejar crecer y adiestrar para la lucha antes de sacarlo a la arena. La “Operación Pizarro” fue una cacicada del aparato del PP para quitar de en medio a alguien cuyo perfil difícilmente encaja con el agua templada de Rajoy-Arriola. Se le quemó en una batalla sin posibilidad de victoria, porque no se le preparó adecuadamente ni se le dieron las armas necesarias. Creo que Pizarro pecó de ingenuidad, pensó que con la verdad y la evidencia claramente expuesta sería suficiente, y eso en el debate político no es todo, ni siquiera lo más importante, como demuestran todos los días Pepiño Blanco, Rubalcaba, de la Vega, Zapatero, Aído, Salgado, etc.
Si se le preparó adecuadamente y sólo pudo hacer eso, entonces es que como administrador de la sociedad es muy bueno pero para los debates televisivos es un inútil. Era entonces cuando había que ganar, no ahora; ahora es tarde, para esa y para cualquier otra batalla, porque él es ya un cadáver político. R.I.P.
Malintzin.
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