Algunos niñatos que juegan a lo que no se debe…
Posiblemente hoy tocaría hablar de otra cosa, pero ahora estoy más metido en otro tipo de temas que me escuecen más.
Siempre he creído en la cultura empresarial. Soy (o fui) empresario, y tengo familia empresaria. Y creo siempre que los empresarios son personas, por lo general, de alabar. Se juegan su dinero por la “utilidad”, como dicen en Sudamérica, es decir, por el beneficio, y en este sentido es justo que lo quieran. Sí, está todo ese rollo comunista de que hay que respetar al trabajador, pero es que conozco trabajadores que se dedican a joder (¿dije una palabrota?) al empresario directamente, o que se dedican a joder su empresa. Luego están los otros, los quejicas, los que andan diciendo que trabajan mucho, que les pagan poco… En este caso, la solución la tengo clara: si te gusta el trabajo, te quedas y si no, búscate otra cosa. ¿Que está la cosa mala para buscar fuera? Pues no te quejes dentro, no sea que luego estés fuera…
No obstante, hoy quiero hablar de otro tipo de empresarios. De los niñatos que juegan a empresarios, cuando se equivocan de forma tajante. Creen tener espíritu emprendedor; creen tener visión estratégica a largo plazo y luego los ves ahogados por las deudas y jodiendo (estos sí) a sus empleados. Conozco (y sufro) algún caso; en concreto una empresa que me debe más de 15.000 euros. No iré quién es, por ahora, aunque diré que es una empresa de turismo multiaventura en Galicia, y con un nombre un tanto repetitivo. Pues bien, hay niñatos que juegan a empresarios, y niñatos que creen tener un don entrepreneur cuando lo único es que son seres con una capacidad especial: son creativos, son válidos para planificar, pero no saben ni siquiera jugar a dirigir una empresa; podrían dedicarse pues a esto solo, pero no, son empresarios. Asumen como propios conceptos que ven en otros (”hay que pagar a cada uno según su valía”, pero… ¿cómo se demuestra esta?), pero no saben más que dilapidar un patrimonio propio o ajeno, pero que deviene propio.
Y yo sigo esperando los 15.000 euros. Lo curioso, lo paradójico, es que conseguí, haciendo un plan de negocio cojonudo con unos números de aúpa, que al tipo de marras le dieran un premio (una vez que me fui, harto de ser el último de la fila y viendo que no me pagaría jamás) de unos 3 ó 4.000 euros por el mejor plan empresarial del municipio (bueno, a la empresa, pero… ¿quién se lo quedó? Quizás fue a pagar deudas; las mías, seguro que no).
Si, además, esto se adereza con una lucha intestina de poder dentro de la empresa, donde lo que importa son cosas como el título (”oye, que soy el gerente”), o quién controla las actividades, o quién gestiona el marketing, la empresa es una pura bomba de relojería. Luego, pasa lo que pasa: los sindicatos se echan encima, los bancos aprietan, los políticos joden la marrana, pero el entrepreneurship se diluye en una borrachera de gin tonics o de cervezas (pagadas a pachas, eso sí, que una cosa es el ambiente de trabajo y otra el trabajo en el ambiente)…
Y yo sigo esperando los 15.000 euros. Llamo cada mes para ver cómo está el cotarro. “Estamos todos jodidos”, me dice el que siempre fue aprendiz de gerente (el pobre no tiene muchos pecados encima). La misma cantinela siempre. Bueno, siempre no. Este mes no cogieron el teléfono…
Algunos, claro, se salvan de la quema. Hablo de los empleados, claro. Los niñatos jugarán a lo que juegan mientras el cuerpo o el banco aguante, y habrá tullidos intelectuales que les bailen el agua. Cierto, yo la bailé por un tiempo, pero sabía que no era oro todo lo que relucía… ¿Dije oro?
Y yo sigo esperando los 15.000 euros. ¡Seré imbécil!
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Hombre, Gerenton:
Si sigues esperando los 15.000 € es que eres un optimista sin remedio y sin fundamento. Vamos, me parece.
Alguna vez me lanzaré a estudira empresariales e intentaré explicarme a mí mismo el origen de decisiones empresariales que carecen de toda lógica aparente pero que sin duda tienen alguna; ni siquiera parecen tener la de los cojones del gerente, porque éste, salvo casos aislados, no tiene como interés directo la ruina de la empresa; al menos, puedo decir que creo que esas decisiones aparentemente absurdas se justifican en sí mismas y en los cojones del gerente, no van contra la empresa; algo es algo, no se…
De todos modos, en una cosa tienen razón: estamos todos jodidos.
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